“—¿Solas? —pregunta a nadie.Pasan unos segundos. El mar rompe ahora con más fuerza contra las rocas, más abajo. Mamá habla de nuevo sin girarse. Al mar. A Helena.—Enfermas sí. Desquiciadas también. Y rotas.Los cirros se deslizan sobre el solo poniente. La luz es naranja, granate, preciosa.—Solas no. Al menos hasta que yo muera, niñas. No quiero volver a oíros decir eso nunca más. A ninguna. Nunca —termina con firmeza.”
“Callar es respetar el dolor ajeno, puede ser. Pero eso no cura nada y yo ya no tengo tiempo ni ganas para esperar a que la gente se atreva a decir. Porque si algo me han enseñado los años y los colgajos es que el tiempo no perdona ni cura. Lo que cura es la verdad, y si duele, mala suerte.”
“Luisa, es peligroso pasar días enteros con la cabeza abatida sobre el pecho, las manos inertes, la mirada vaga; es peligroso buscar las avenidas sombrías y no participar de las diversiones que regocijan los corazones de las las jóvenes; es peligroso, Luisa, escribir con a punta del pie; como sueles hacer, sobre la arena, letras que, por más que te apresures a borrarlas; siempre aparecen por debajo del talón, principalmente cuando esas letras se asemejan más a una L que a una B; es peligroso, en fin, forjarse allá en la mente mil extrañas ilusiones, fruto de la soledad y de los dolores de cabeza; esas ilusiones socavan las mejillas de una pobre muchacha al mismo tiempo que su cerebro, y no es cosa rara ver en esas ocasiones a una persona de amable y risueño trato volverse taciturna y fastidiosa, y a la de más talento convertida en una imbécil.”
“- Soy feliz. Jamás me he sentido tan bien, ¿y tu?- ¿Yo? - Step la abraza con fuerza-. Estoy de maravilla.- ¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo?- No, así no.- ¿Ah, no?- Mucho más. Al menos tres metros sobre el cielo.”
“Ahora que tengo la ocasión,quiero que hablemos los dos: tú, de mí;yo, de ti, del corazón, !que sí!Que nunca es bueno el momentohasta que no hay otra opciónsiempre es el mismo cuento...este último momento.Hoy que tenemos la oportunidad-la tengamos o no-,nos callaremos los dos: tú, por mí;yo, por ti, por no enredar, !ya ves!¿por qué será que lo hacemos?Incluso, viendo llegarese último momento,cuando no queda tiempo, cuando no queda tiempo,para decir, siquiera:"te voy a echar de menos".Si vas a irte... vete, pero no te despidas;sal de noche, sal a oscuras,sal descalza y de puntillas, niña.Vete, vete y cierra la puerta,que no quiero verte salir de mi vida.No más plazos aplazables.Si ha de ser así..., adelante.Y mejor este momento, déjalopara algún otro instante.Acabemos cuanto antes,nadie tiene que arrastrarse,ese último momento, vívelo, y los demás,los demás, que aguanten.Y los demás, que aguanten.Ahora no tengo la ocasión-no la tengo, que no, que más da, ya pasó-,cuánto lamento que al finalno hablásemos ninguno de los dos,porque ahora nos sobra tiempopara pensar qué pasóese último momento, cuando no tuve tiempo -ni tú-,para escribirnos versos de cuando aquellos besos.Si estás oyendo, vuelve. Ni siquiera saludes;con la luz de la mañana,abre puertas a patadas, niña.Vuelve, que no hacen falta razones.Me muero por verte, volver a tenerte.No más dudas razonables,para mí no es comparable.Este último momento me robóel milagro de tenerte a cada instante.Acabemos cuanto antes,con un siglo habrá bastante.Este último momento es de los dosy los demás, que aguanten.No más dudas razonables,para mí no es comparable.Este último momento me doliópor culpa de un instante.Acabemos cuanto antes,con un siglo habrá bastante.Este último momento es de los dosy los demás, y los demás que aguanten.Y los demás...”
“Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace "Camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.”
“Llega el día en que te miras al espejo y no eres el que te esperabas. Sí, porque el espejo es la forma más cruel de la verdad. No te reflejas como eres realmente. Querrías que tu imagen se correspondiese con quién eres por dentro y que los otros al verte pudieran saber en el acto si eres sincero, generoso, simpático... pero resulta que nunca se puede prescindir de las palabras ni de los hechos. Tienes que demostrar quién eres. Lo bonito sería que uno pudiera mostrarse sin más. Todo sería más sencillo.”