“Esa noche estoy intranquila, no paro de moverme y de dar vueltas en la cama. Sueño con ojos grises, monos de trabajo, piernas largas, dedos largos y lugares muy oscuros e inexplorados. Me despierto dos veces con el corazón latiéndome a toda velocidad. Si no pego ojo, mañana voy a tener una pinta estupenda, me regaño a mí misma. Doy un golpe sobre la almohada e intento calmarme.”
“Con sus ojos grandes y llenos de miedo, suavemente tira de mi mano y la pone ensu pecho sobre su corazón, en la zona prohibida. Su respiración se acelera. Sucorazón está bombeando un frenético, pulsante latido bajo mis dedos. No quita sus ojos de mí; su mandíbula está tensa, sus dientes apretados.Jadeo. ¡Oh mi Cincuenta! Me está dejando tocarlo. Y es como si todo el aire de mis pulmones se ha vaporizado, ido. La sangre está latiendo en mis oídos cuando elritmo de mi corazón aumenta para igualar el suyo.Él deja ir mi mano, dejándola en su lugar sobre su corazón. Flexiono levemente misdedos, sintiendo la calidez de su piel bajo la tela de su camiseta. Está sosteniendoel aliento. No puedo soportarlo. Intento mover mi mano.—No —dice rápidamente y pone su mano una vez más sobre la mía, presionandomis dedos contra él—. No.”
“—¿Te vas a ir? —susurra mientras sus ojos se amplían con miedo.No digo nada mientras intento reunir mis pensamientos.—No puedes —ruega.—Christian… yo… —Lucho por organizar mis pensamientos. ¿Qué estoy tratando de decir? Necesito tiempo, tiempo para procesar esto. Dame tiempo.—No. ¡No! —dice.—Yo…Él mira salvajemente alrededor de la habitación. ¿En busca de inspiración? ¿Intervención divina? No lo sé.—No te puedes ir. ¡Ana, te amo!—También te amo, Christian, es solo…—No… ¡no! —dice con desesperación y pone ambas manos sobre su cabeza.—Christian…—No —susurra, sus ojos amplios por el pánico, y de repente cae sobre sus rodillas frente a mí, la cabeza inclinada, sus manos con dedos largos extendidas sobre sus muslos. Toma una profunda respiración y no se mueve.¿Qué? —Christian, ¿qué estás haciendo?Continua con su mirada abajo, sin mirarme.—¡Christian! ¿Qué estás haciendo? —Mi voz es aguda. No se mueve—. ¡Christian, mírame! —ordeno con pánico.Su cabeza se levanta sin vacilar, y me observa impasiblemente con su fría mirada gris, está casi sereno… expectante.Mierda… Christian. El sumiso.”
“Pude ver un atisbo de cómo ha sido tu vida… y… —Bajo la mirada a mis enredados dedos, lágrimas todavía corriendo por mis mejillas—. Esto es sobre mí no siendo lo suficientemente buena para ti. Fue una comprensión de tu vida, y estoy tan asustada de que te aburrirás de mí, y luego te irás… y terminaré como Leila… una sombra. Porque te amo, Christian, y si me dejas, va a ser como un mundo sin luz. Estaré en la oscuridad. No quiero huir. Solo estoy tan asustada de que me dejes”
“¿Y en qué piensas ahora? - Pues en que te vas a levantar y vas a pasar junto a mí, y yo voy a mirarte y a seguirte con los ojos; va a crujir la seda de tu vestido, mi corazón va a desfallecer, saldrás de la habitación y yo me acordaré de cada una de las palabras que has pronunciado y del tono de voz con que las has dicho. Y en cuanto a la noche pasada, no pensé en nada, no hice más que escuchar cómo respirabas dormida y cómo te moviste en la cama dos veces...”
“-Prometo solemnemente que te protegeré y que valoraré profundamente en mi corazón nuestra unión y a ti-susurra,con vos ronca-.Prometo amarte fielmente,renunciando a las otras,a través de los buenos y los malos tiempos,en la enfermedad o en la salud, independientemente del lugar donde la vida nos lleve.Te protegeré,confiare en ti y te respetare.Compartiré tus alegrías y penas y consolaré en los momentos de necesidad. Me comprometo a cuidarte y mantener tus esperanzas y suelos y mantenerte a salvo a mi lado.Todo lo que es mío ahora es tuyo. Te doy mi mano, mi corazón y mi amor desde este momento por tanto tiempo como ambos vivamos.”
“Tegan rodó con ella sobre la cama, suavemente acomodándola debajo de su cuerpo que ya despertaba. Miró a sus ojos lavandas viéndolo con tanto amor y eso simplemente lo desarmó. La besó lentamente, con sinceridad y ternura.“Ya estoy en casa” le dijo con esa voz grave y ronca por la emoción, mientras la presionaba debajo de él. “Éste es el único hogar que siempre voy a necesitar”.”