“El amor y la fe van de la mano. No se puede tener uno sin la otra. Y como todos sabemos, no siempre es seguro dar ese paso. A veces se juzga equivocadamente, y se acaba mordiendo el polvo. Pero a menos que demos ese paso, nunca sabremos qué hay del otro lado. Hay que buscar agallas para hacerlo.”
La cita de Kirsten Miller refleja la profunda conexión entre el amor y la fe, sugiriendo que ambos son aspectos esenciales de la experiencia humana.
Miller comienza al afirmar que "El amor y la fe van de la mano", estableciendo una relación intrínseca entre estas dos fuerzas. Esta afirmación sugiere que el amor verdadero implica confianza y que, sin fe, el amor puede volverse frágil e incierto.
La siguiente parte de la cita, "No se puede tener uno sin la otra", enfatiza la idea de que el desarrollo de una relación significativa requiere un compromiso tanto emocional (amor) como espiritual (fe). Aquí, se subraya la inevitabilidad de tener que confrontar la vulnerabilidad que conlleva amar y tener fe en los demás.
Miller también menciona que "no siempre es seguro dar ese paso", lo que resuena con la idea de que los riesgos pueden ser intimidantes. Aquí, la autora reconoce que el miedo al juicio —"a veces se juzga equivocadamente"— puede llevar a dudas y a la eventual desilusión ("y se acaba mordiendo el polvo"). Este punto refleja la naturaleza humana de preocuparse por la percepción ajena, y cómo eso puede inhibir la búsqueda del amor.
Sin embargo, la cita se torna esperanzadora con la idea de que "a menos que demos ese paso, nunca sabremos qué hay del otro lado". Aquí, Miller alienta a los lectores a no dejarse intimidar por la posibilidad del fracaso. Este pensamiento resalta la importancia de la valentía y el riesgo necesario para descubrir experiencias y relaciones significativas.
Finalmente, el llamado a "buscar agallas" para avanzar refleja la necesidad de coraje en la vida emocional. Esta exhortación sirve como un recordatorio poderoso de que, aunque el amor y la fe pueden ser difíciles de alcanzar, son fuerzas que valen la pena perseguir.
En resumen, la cita de Kirsten Miller abarca la complejidad y la belleza del amor y la fe, así como la necesidad de valentía, lo que invita a la reflexión sobre nuestras propias experiencias y actitudes hacia estas cuestiones.
“—El primero… el primero es siempre el más poderoso —cerró los ojos, suspirando—.Luego hay necesidad y destino. Ese es otro tipo. La necesidad se disfraza deamor, pero la necesidad… la necesidad nunca es amor. Ten siempre cuidado de quiente necesita. Siempre hay un querer tras una necesidad, sabes.”
“Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas, hay que esperar, dar tiempo al tiempo, el tiempo es el que manda, el tiempo es quien está jugando al otro lado de la mesa y tiene en su mano todas las cartas de la baraja, a nosotros nos corresponde inventar los encartes con la vida, la nuestra...”
“Ella estaba sentada en la cumbre de una colina, contemplando Roma. El sol de la tarde volvía oro las estructuras de la ciudad.-Jamás pensé que llegaríamos a este lugar-dijo ella.-Y yo tuve fe en que lo haríamos.Él tomó la mano de ella y le plantó un beso.-¿Todo ha terminado?-Por ahora-respondió él.”
“¿Acaso no es tremendamente cómodo creer en alguien? Uno se puede dejar arrastrar por la fe sin el menor esfuerzo. Uno puede ser la deshonra en persona y creer firme y piadosamente en cualquier hombre bueno y valeroso. Uno puede comer chocolate y seguir creyendo sin el menor apuro en una gran persona que acaso no tiene qué llevarse a la boca. Y es que creer no cuesta nada. Creyendo y haciendo profesión de fe se perjudica por lo menos tanto como se ayuda. (...) Quien cree realmente hasta el punto de tener que luchar consigo mismo deja de hablar de ello, no dice una sola palabra al respecto, sino que se limita a creer, a sufrir y a creer.”
“Pero ellos los ignoran, menos por insensatez que por la concentración excesiva que les exige la marcha; y sobre todo porque, lo piensen con palabras o no, la calle recta que van dejando atrás, está hecha de ellos mismos, de sus vidas, es inconcebible sin ellos, sin sus vidas, y a medida que ellos se desplazan va formándose con ese desplazamiento, es el borde empírico del acaecer, ubicuo y móvil, que llevan consigo a donde quiera que vayan, la forma que asume el mundo cuando accede a la finitud, calle, mañana, color, materia y movimiento –todo esto, entendámonos bien para que quede claro, más o menos, y si se quiere, mientras sigue siendo la Misma, ¿no?, y en el Mismo, siempre, como decía, pero después de todo, y por encima de todo, ¡qué más da!”
“Era ese llanto que sobreviene cuando uno se siente opacamente desgraciado. Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero cuando, además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.”