“Un pensador dijo una vez " Carecer de libros propios es el colmo de la miseria..."”
“La libertad pura no existe -remató, en el fondo un poco decepcionado -¡Pero! Aunque no somos libres de elegir nuestras circunstancias, si somos libres de asumirlas. Se que no es un consuelo, aunque con el tiempo, comprenderás que la libertad es algo que debes conquistar día a día.”
“La libertad absoluta no existe", se recordó con amargura."Cuando creí que había conquistado la mía vuelvo a caer prisionero de las circunstancias" Con el tiempo había logrado tener más libertad que Esteban, más atado a la herencia familiar y a los mandatos sociales. Sin embargo, aunque el tenía el privilegio de elegir sus relaciones amorosas, se dio cuenta de que sus deseos eran ahora esclavizados por una mujer que no podía tener. "¡Carajo!", penso...”
“-¿Recuerdas la primera vez que te tuve así conmigo? -le preguntó con voz más ronca de lo habitual. Quiza ya ese día ambos se habían unido con el hilo invisible del destino.-Ahora sí -susurro Sofía, conmovida como diez años atrás, volvía a oír el sonido del vigoroso corazón de Abel Luzuriaga”
“Como cada vez que Sofía no habalaba meditab."¡Queé cruel puede ser a veces el amor!", pensaba." Cuúanto daño puede causarle a una persdona. Incluso entre personas que se tienen un amor noble y sincero".”
“Así como el practicante de meditación se asombra de advertir cuán poco alerta está en su vida cuotidiana, lo primero que descubre cuando comienza a cuestionar el yo no es la carencia de ego sino su total egocentrismo. Constantemente pensamos, sentimos y actuamos como si tuviéramos un yo que proteger y preservar. La menor intrusión en el territorio del yo (la astilla en el dedo, el vecino bullicioso) despierta temor y furia. La menor esperanza de exaltación del yo (ganancia, elogio, fama, placer) despierta codicia y afán. Todo indicio de que una situción es irrelevante para el yo (aguardar un autobús, meditar) provoca aburrimiento. Tales impulsos son instintivos, automáticos, ubicuos y poderosos. En la vida cotidiana los damos por sentados. Los impulsos por cierto están allí y acontecen constantemente, ¿pero qué sentido tienen a los ojos del practicante inquisitivo? ¿Qué clase de yo respalda tales actitudes?”
“Ser violento al principio y terminar temiendo después a los propios soldados es el colmo de la ineptitud.”