“No me pidas que me aleje de ti porque donde tú vayas, yo iré; donde túestés, allí estaré.”

Olivia Ardey

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“—En realidad —intervino ella—, todo empezó el día que me tropecé en el hospital con el paciente más irritante del mundo y decidí que tenía que ser sólo para mí. —Eh, yo no lo recuerdo así —contradijo Phillip—. Era yo quien estaba a las puertas de la muerte —la exageración suscitó risas—, cuando me vi atacado sin piedad por una bruja sabelotodo. Kenneth arrugó la frente al ver que Stella, en lugar de darle un capón, se deshacía por dentro y lo besaba en la mejilla con una tierna sonrisa. Curiosos efectos los del amor.”


“—Significa que no puedo pensar en otra cosa más que en estar a tu lado.—¿Para cuidarme? Stella sonrió incrédula. —No —le besó en los labios—. Para que tú me cuides. —¿Semanas... o meses? —tanteó. Ella le tomó la cabeza con ambas manos y acercó los labios a su oído. —Mil años o más. Te quiero, Phillip. —Ya era hora —gruñó abrazándola con fuerza—. He llegado a pensar que luchaba yo solo en esta guerra.”


“—¿Te das cuenta de cómo hemos cambiado, Kenneth? reflexionó en voz alta—. ¿La oyes? —señaló con la cabeza hacia su derecha—. El primer día en el hospital esa risa me robó el corazón y ahora es suyo para siempre.—Mañana regresarás a tu mundo —dijo él enfrentando su mirada. —Mi mundo es éste también. —No —contradijo tomándola por los hombros—. Ésta es tu fantasía. Y no te das cuenta que la escapada que tú vives como una ilusión, es mi vida real. Cuando estés en Boston, lo verás todo con otros ojos.(...)—Tú eres una poderosa razón para volver. La única que me importa.”


“«Seremos», repitió Laura en silencio. Kenneth formaba parte del Taormina, jamás sería feliz lejos de allí, ni ella lejos de él. Ese era su sitio y el de ella también. Inspiró profundamente y alzó la barbilla para armarse de valor. —Al diablo las empresas serias, el miedo al futuro y las palabras que no se pueden pronunciar. ¡Cásate conmigo! Kenneth no movió ni un músculo. Segundos después giró para quedar cara a cara, con un ademán tan elegante que a Laura se le agitó la respiración. —Esa frase es mía —dijo con calma. Ella lo miraba desconcertada—. Me refiero a la última, eso me corresponde preguntarlo a mí. La voluminosa presencia del persistente cabecilla se aproximó con paso enérgico. —Oiga, el alcalde ¿va a salir o no? —preguntó con los brazos en jarras. —¿Es que no se puede tener ni un minuto de intimidad? —se revolvió Kenneth indignado—. Mi chica me está pidiendo que me case con ella.”


“—Estoy harta de vivir mi vida, a partir de ahora quiero vivir la nuestra. Phillip la estrechó con muchísima fuerza y apoyó la barbilla en su cabeza. —Y yo podré verla a través de tus ojos —musitó—. Cómo te quiero, Stella... Notó que se estremecía entre sus brazos y trataba de ahogar un sollozo. —Bella, por favor, eso no —la separó y tanteó su rostro pura secarle una lágrima—. Si te hace llorar, no volveré a decírtelo nunca. —Pobre de ti como no lo hagas —gimoteó.”


“—Quiero llevarte a una playa, tumbarte en la arena y besarte durante horas.Álvaro recordó una muy especial para los dos a la que le apetecía regresar. En los ojos de Celia leyó que ella deseaba volver a ese mismo lugar, tanto o más que él.—La playa de Brighton está muy lejos —le recordó bajando la voz.—¿Tú tienes prisa?Álvaro le acarició la mejilla y ensanchó la sonrisa.—Ninguna.”