“-¿Insinúas que esa cosa de ahí abajo -buscó a tientas las palabras; sus labios se movieron un momento sin articular ningún sonido- pretende tirarse a nuestra hoguera?”
“Es una palabra. Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. Los nombres tienen poder, y las palabras también. Las palabras pueden hacer prender el fuego en la mente de los hombres. Las palabras pueden arrancarles lágrimas a los corazones más duros. Existen diez palabras que minarán la más poderosa voluntad de un hombre. Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. Un nombre es el fuego en sí.”
“Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cartadas; el silencio de un hombre que espera la muerte.”
“Las palabras tienen que encontrar la mente de un hombre si pretenden llegar a su corazón.”
“Y recuerda, hay tres cosas que todo hombre sabio debe temer: la tormenta en el mar, las noches sin luna y la ira de un hombre amable.”
“-No me digas palabras tan dulces -protesté-. Lo que quieres es que ceda a tu voluntad, pero no lo conseguirás. ¡Tus halagos no son para mí más que viento! Denna se quedó mirándome, como si quisiera asegurarse de que había terminado mi diatriba.-De entre todos los árboles -dijo esbozando una sonrisa con sus elegantes labios-, el sauce es el que más se mueve según los deseos del viento.”
“Miró hacia arriba y vio un millar de estrellas centelleando en el oscuro terciopelo de una noche sin luna. Las conocía todas, sus historias y sus nombres. Las conocía bien y le eran tan familiares como, por ejemplo, sus propias manos.”