“—¿No te da asco? —preguntó ella.—Un poquito. —Él le sonrió—. Pero después de mis propios mocos, los tuyos son los que menos asco me dan del mundo.”
“—El tío James es un gruñón —le explicó Kelsey al perro después de queeste le diese un húmedo lametón—. Se hace el duro, pero después de un par dedías contigo ya verás cómo acaba rendido a tus pies… El perro ladró feliz, como si comprendiese las palabras de Kelsey mientrasmovía frenéticamente el rabo. James dio varios pasos hacia atrás.—¿Cómo que un par de días? —preguntó, acalorado por la cantidad deemociones negativas que se agolpaban en su interior. Kelsey le miró confundida.—¡Hombre, no lleva collar, parece que no tiene dueño! Y está solito… —Dedicó un puchero al animal mientras le daba mimos. El perro gimoteóagradecido. Después Kelsey le dirigió una desagradable mirada a James—.Además, si te hemos recogido a ti, ¿cómo no vamos a acoger a este perro, quees más adorable y simpático que tú? El animal le lamió de nuevo la mejilla derecha. James miró asqueado lafeliz escena. —¿Acabas de compararme con un perro?”
“—¿Ya has comprado mi regalo? —preguntó emocionado.—¿Se puede saber por qué has tardado tanto? Estoy cansada de esperarte. Ya he visto todo el centro comercial.James ojeó las bolsas, ignorando sus palabras. Le encantaban los regalos, especialmente cuando eran para él. Se frotó las manos.—¿Qué es? ¿No piensas decírmelo?—No sé de qué demonios me hablas.—¡De mi regalo! ¡Vamos, Kelsey, vamos, dámelo YA!La zarandeó de un lado a otro, mirándola fijamente.—En serio, estás fatal. Eres un enfermo.—Vale, pero este (atractivo) enfermo quiere saber qué le has comprado.—¿Y tú? ¿Qué me has comprado a mí? —Kelsey se encaró con él, alzando los hombros.—Nada.—¿Nada? ¡Serás desgraciado!”
“— Kelsey, ¿entiendes que… te quiero?Más y más silencio. Ambos en un mundo paralelo, lejos de todos los demás. Kelsey tragó saliva despacio y advirtió que estaba a punto de llorar.— Sí.— Entonces lo entiendes todo —concluyó James.”
“James se disponía a contestar el último comentario de Kelsey cuando oyóun extraño ruido en la cuneta. Se giró sobresaltado. —¿Qué ha sido eso? —preguntó señalando la maleza. —¿Un oso, un lobo, un tigre…? —Kelsey sonrió con ganas—. ¿Qué pasa, tienes miedo? James le dirigió una mirada sombría. —Tranquila, después de haberos conocido a ti y al resto de tu familia ya no tengo capacidad para temer nada más —dijo—. Con el día de hoy ha sido más que suficiente.”
“—Señora Graham, ¿le importaría disculparme? Quisiera darme una ducha rápida —pidió educadamente. Ella le sonrió con ternura.—¡Claro que sí, cariño! —exclamó—. Las toallas limpias están en el mueblede abajo —le indicó.—No se preocupe, traigo mi propio juego de toallas de rizo y algodón puro, cien por cien natural —sonrió tímidamente—. Es que, ¿sabe?, tengo la piel muy sensible. Kelsey rió a carcajada limpia y apoyó una mano en el hombro de la señora Graham, balanceándose ligeramente. —¡Dios, mamá! ¿Dónde encargaste a este engendro?, ¿en eBay?”
“¡La hostia!, ¡mira qué bien se lo montan algunos!James dio un respingo, sorprendido, y se apartó rápidamente del cuerpo de Kelsey para hacerse a un lado. Marcus, acompañado por otros dos jóvenes,les miraba sonriente apoyado en el marco de la puerta. —Joder con tu hermanita… —objetó uno de sus amigos entre risas.—¡Oye, esto no es lo que estáis pensando! —logró gritar Kelsey, avergonzada. Se puso de pie y comenzó a sacudirse las ropas.James, todavía confuso, imitó sus movimientos.—Ah, ¿no? —Marcus sonrió ampliamente—. ¿Estudiabais anatomía?—¡Cállate ya! —se quejó Kelsey. Después se giró resentida hacia James, apretando los puños—. ¡Todo esto es por tu culpa! ¡Te odio! —exclamó, antes dedesaparecer escaleras arriba hacia su habitación.”