“En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedoy, cuando los abras, el sol estará en el cielo.Este sol te protege y te da calor,las margaritas te cuidan y te dan amor,tus sueños son dulces y se harán realidady mi amor por ti aquí perdurará.En lo más profundo del prado, bien oculta,hay una capa de hojas, un rayo de luna.Olvida tus penas y calma tu alma,pues por la mañana todo estará en calma.Este sol te protege y te da calor,las margaritas te cuidan y te dan amor.Tus sueños son dulces y se harán realidady mi amor por ti aquí perdurará.”

Suzanne Collins- Los Juegos del Hambre

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“Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado...”


“Había una vez,Una vez, cuando fuistes mía.Me acuerdo de cielos,Reflejada en tus ojos.Me pregunto dónde te encuentras?Me pregunto siPiensas en mí?Había una vezEn tus sueños más distantes?Por una vez, el mundo era nuevo.Nuestros cuerpos se sentía el rocío de la mañana,Que da la bienvenida al nuevo día.Y no nos podíamos separar.Me pregunto si a ti te importa?Me pregunto si ay aún recuerdo de mi?Había una vez,En tus sueños más distantes?Y cuando suena Enrique...Y cuando las palabras sonConmovido por el dolor...Cuando suena la música,Oigo el sonido.Tuvia que seguirlo,Había una vez.Una vez bajo las estrellas,El universo era de nosotros.El amor era todo lo que yo sabíaY todo lo que sabía eras tu.Me pregunto si usted sabe?Me pregunto si te piensas en eso?Había una vezEn tus sueños más distantes?Había una vezEn tus sueños más distantes,que te recuerdas de mi?”


“Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado.”


“¿Ha estado alguna vez enamorado? Horrible, ¿no? Te hace tan vulnerable. Te abre el pecho y el corazón y eso significa que alguien puede meterse dentro de ti y revolver todo. Construyes todas estas defensas, todo fuerte y armadura, para que nada pueda hacerte daño y entonces, llega esta estúpida persona, no diferente de cualquier otra estúpida persona, y se mete en tu estúpida vida… Le das un pedazo de ti, que no te pidió. Hace algo tonto algún día, como besarte o sonreírte y es entonces cuando tu vida ya no te pertenece nunca más. El amor toma rehenes. Llega hasta lo más profundo dentro de ti. Te va carcomiendo y te deja llorando en la oscuridad; una frase tan simple como “quizá deberíamos ser sólo amigos” se convierte en una astilla de vidrio que se te va hundiendo en el corazón. Duele. No sólo en la imaginación. No sólo en la mente. Es un alma herida, un verdadero dolor que se te mete dentro y te rasga en pedazos. Odio el amor.”


“porque cuando nos hablan del Peligro que suponen los Desconocidos en el colegio dicen que si un hombre se te acerca y te habla y te da miedo debes buscar a una señora y correr hacia ella, porque las señoras son más seguras.”


“Una persona sin sueños es alguien tan pequeño... Tan pequeño, tan inútil... Da pena ver a una persona que sólo tiene lo cotidiano, la realidad de lo cotidiano. Es como un árbol sin hojas. Hay que poner hojas en los árboles. Pegarles un montón de hojas para que se conviertan en árboles altos y hermosos. Y si por casualidad hay hojas que caen, se añaden otras. Más y más, sin desanimarse... Las almas respiran en el sueño. La grandeza del hombre se cuela en el sueño. Hoy ya no respiramos, nos ahogamos. Hemos suprimido los sueños, como hemos suprimido el alma y el Cielo...”